Sabía antes de viajar que Irán es un país de personas honestas y acogedoras. Sabía antes de venir que me arriesgaba a enamorarme de unas tierras lejanas y poco conocidas. Y sabía también que podría ser mucho mejor de lo imaginado como ha sido el caso desde el primer día. A pesar de llevar tan solo una semana aquí, mi corazón ya siente un fuerte amor por este país, por sus gentes y sus paisajes, por sus costumbres y su desmesurada hospitalidad. Créedme cuando digo todo esto, cuando escribo desde lo alto de los tejados de la ciudad de barro de Yazd. Desde las alturas donde uno puede ver la ciudad hasta altas horas de la madrugada sentado sobre alfombras persas tejidas a mano, con el aroma del te que humea en la taza. Créedme, este país, es quizás el más bello que haya nunca visitado en mi vida. Los rasgos en los rostros de sus habitantes son nobles, sus miradas penetrantes y hacen querer a uno conversar con todos ellos. Aunque eso no es problema alguno, los encuentros e intercambios de palabras en las calles son cuantiosos, las conversaciones profundas, las palabras sinceras. Es simplemente mágico.

Estoy en el centro de Irán, en la ciudad de Yazd, construïda en barro y donde uno se pierde con gran facilidad entres sus centenares de callejones para ir descubriendo poco a poco pequeños tesoros para los curiosos. Para llegar aquí, antes estuve en la poco conocida ciudad de Shahrekord, al ser invitado por Farhang en su hogar. No es un lugar turístico, está alejada de los grandes ejes y eso es algo que siempre me ha gustado. Poder descubrir lugares que apenas aparecen en los mapas es algo increíble ya que la gente reacciona de una manera distinta. Tampoco es que en las grandes ciudades se vean muchos turistas. Somos pocos los viajeros que aquí estamos.
Lo que no sabía, es que acabaría impartiendo clases de inglés como invitado en dos colegios junto con mi anfitrión, el actual profesor de inglés. No sabía que conocería a casi 50 niños y niñas ansiosos por ver a un extranjero venido de un país del que nunca antes habían oído hablar. Seis clases repartidas en dos días, seis horas compartiendo experiencias y aprendiendo de la mejor manera posible costumbres de este país. Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, por deciros que casi dejo escapar una lágrima cuando me despedía de los chicos. Su curiosidad, su simpatía, su bonanza y hospitalidad me han dejado en ocasiones sin palabras. Han sido cientos de preguntas las que me han hecho a las que he contestado encantado. Tanto sobre cuestiones sobre Andorra, como cuestiones filosóficas. Las mentes de estos niños de quince años son extraordinarias. He aprendido y crecido a la vez, me he enamorado del pueblo iraní. Así de simple.

Créedme cuando os digo que este país es un ejemplo a seguir en cuanto a educación y convivencia. Cierto, existen normas que oprimen al pueblo, normas para las mujeres y para los hombre que hay que obedecer al pie de la letra mientras uno está en la calle. Aunque una vez en sus hogares, la historia cambia por completo. Alcohol? Prohibido, aunque no han faltado copas de vino o licores en las cenas. Mujeres cubiertas? Si, aunque no en sus casas. Estás normas, curiosas y extrañas para los occidentales, son quizás pertubadoras por momentos, aunque no por ello le restan belleza al país. Cómo iba diciendo, e insisto en ello, son todo un ejemplo. Educados, amables, honestos y sinceros, los iraníes hacen que uno se sienta como en casa. Apenas hay delitos, ni tan si quiera en las grandes ciudades, y es que uno camina por las calles abarrotadas sin miedo alguno. Se respira una tal tranquilidad con la que ahora me daría miedo viajar a una gran ciudad europea. Pueden parecer exageradas mis palabras pero no lo son, supongo que si queréis averiguar por vosotros mismos cuánto os cuento, deberéis viajar hasta aquí. Es algo que recomiendo fuertemente.
Es todo lo puesto a lo que mayoría cree saber sobre este país, toda la falsa propaganda de los medios de telecomunicación me hace sentir enojado. Sabía de antemano todo esto, y aún así, he sido bellamente sorprendido por la grandeza de este pueblo. Todos los extranjeros coincidimos, ¡Esto es increíble! En qué lugar de Europa, por ejemplo, puede suceder que te aborde en la calle un desconocido para tomar té juntos y charlar un rato para saber sobre ti? A mi nunca antes me había pasado, y aquí, cada día que transcurre ocurre algo mágico.

En unos días viajo al sur, en dirección a Shiraz, otra ciudad histórica en la que espero descubrir calles y monumentos, comidas y musicas nuevas a la vez que hago amistad con sus habitantes. De ahí volveré al norte, cerca de la frontera con Iraq para reunirme con quién creo me puede ayudar en el proyecto, ya que para eso también vine. He conseguido bastante información estos últimos días sobre varios lugares donde podría ayudar, aunque no se muy bien porque, algo me llama desde la ciudad de Kamyaran.
Veamos pues que es lo que encuentro allí.

De momento, Yazd, su desierto y sus montañas. Estamos a 1200 metros de altitud y nos rodea una cadena montañosa que alcanza los 4000 metros en ciertos puntos por donde viajaré para llegar al sur. Los paisajes son de gran belleza, son vastos los terrenos desérticos con casi siempre montañas en el horizonte, algunas nevadas, otras arenosas. Abunda el agua en muchos valles y pequeños pueblos y algunas ciudades florecen en medio de la nada. El clima es más bien fresco, gracias a unas nubes es que llevan días sobre nosotros, asume así mejor, ya que suele ser una región muy calurosa.

Si la conexión funciona, subiré algunas fotos de estos últimos días a la pagina, ya que aquí, además de estar prohibidas muchas páginas web, la velocidad de las redes de los hostels son más bien lentas.

En fin compañeros,
Hasta pronto os digo.

Un abrazo.

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