He dejado atrás el sur, sus desiertos a perder de vista, su calor casi asfixiante y sus cientos de monumentos históricos. Esfahan, Yazd, Shahrekord, Shiraz, son ciudades que quedarán grabas en mi mente, tanto por todo lo visitado como por todas las personas que me han acogido y ayudado. He conocido grandes personajes estos últimos días y hecho muy buenos amigos. He probado comidas extrañas y aprendido sobre historia. He visitado citadellas de seis mil años de antigüedad y también visto los restos de Persepolis, la antigua capital de Persia de hace unos dos mil quinientos años. Hay aquí tanta historia que compraré un libro sobre ella para seguir aprendiendo y almacenando información en mi mente. Quiero saber más y más sobre este gran país.

Para volver al norte he tenido que subirme a un bus que cruza gran parte del país, en teoría, eran diez horas de viaje aunque se convirtieron en diez y siete a causa de que en una de las paradas se perdió un viajero y no se dieron cuenta hasta unas horas más tarde, tuvimos que volver a por él. El otro imprevisto fue un control policial en el que todos bajamos del bus mientras los perros policía olisqueaban todo el interior, mientras desmontaban partes de moqueta al sospechar de los dos chicos sentado junto a mi. Tras una hora de ajetreo en el que no entendía nada y nadie me entendía en inglés, nos volvimos a subir al bus agotados. Algunos más que otros. Diez y siete horas en bus son para mi una barbaridad aunque toda una experiencia.

Atrás quedan las ciudades turísticas, aquí, en Kermanshah, soy uno de los pocos extranjeros que caminan por las calles. No hay tanto por ver, sin embargo, esta región habitada mayoritariamente por kurdos, tiene su encanto. Sus paisajes son bellos, verdes y extensos prados rodeados de altas cumbres rocosas hacen que uno quede embobado. Y es que si algo tiene este país son paisajes que enamoran a cualquiera. Tal mezcla de paisajes con personas acogedoras es perfecto a la hora de viajar. He vuelto a asistir a otras clases de inglés y francés en la que he compartido con personas adultas buenos momentos. Es un intercambio de palabras muy interesante que se produce entre culturas tan distintas.

En un par de días cambio de nuevo de ciudad, un poco más al norte está la ciudad de Kamyaran, en la que me espera Mohammad para tratar de realizar la primera parte del proyecto. Parece ser que viven allí muchos niños huérfanos, quizás sea el hecho de que la ciudad está muy cerca de la frontera con Irak. Así pues, espero poder ser de ayuda aunque sea a unos poco jóvenes, espero poder aportarles algo útil en mi paso por su ciudad para luego seguir con mi camino hacia el kurdistan iraquí. A primera vista, el paso fronterizo es seguro y la región es muy segura, aunque me informaré cautelosamente una vez más cerca de ésta.

Me voy a la cama agotado, tras un día largo lleno de experiencias, tras una abundante cena en casa de Mojtaba junto con su familia e amigos venidos para conocerme. El idioma puede parecer una barrera a primera vista, aunque tan solo hacen falta unas pocas sonrisas para que todos nos entendamos como buenos amigos.
Cómo en casa, así se siente uno aquí.

Hasta pronto os digo compañeros,
Desde Kermanshah, Irán,
Un fuerte abrazo.

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