¿Cómo? ¿ Ha llegado un turista a la ciudad? ¡ Tráelo a casa!

Estos últimos días han sido de lo mas interesantes, curiosos e agradables desde que estoy viajando por este vasto país. Algunos viajeros me advirtieron de que la gente kurda podía llegar a ser peligrosa. Acogedoramente peligrosa, y es que no he visto en mi vida una tal hospitalidad como la que estoy viviendo estos días aquí. Sí bien ya estaba conmocionado durante mi primera semana en Irán, ahora, ya no me quedan palabras para describir la bonanza del pueblo kurdo. Estoy en Kamyaran, una pequeña ciudad fronteriza con Iraq, rodeada de montañas, y donde los rostros y vestimentas son muy distintas al resto del país. También lo es el idioma, a pesar de que todos hablan Farsi, también hablan el kurdo y varios de sus dialectos como el Orami. Así que os podéis imaginar el lío que tengo en la cabeza a la hora de intentar comunicarme con la gente. Afortunadamente siempre se encuentran personas que hablan inglés. Estoy en casa de Mohammad y su familia desde hace un par de días, soy el primer extranjero que acogen. Y estoy seguro de que no seré el último que sienta que tiene una nueva familia cuando marche de aquí. Rebin, el padre de familia, es de una bondad inmensa, sonriente, atento y sabio. Mohammad, de tan solo diez y seis años, es listo, amable y curioso. Son simplemente encantadores. Las conversaciones son largas, intensas, mágicas. Las horas pasan volando mientras vamos de una casa a otra para conocer a todos los familiares, mientras hacemos una pausa en la heladería familiar para tomar un zumo de zanahoria con helado antes de seguir estrechando manos aquí y allá. Y es que todo el mundo está al corriente de que hay un turista en el pueblo y lo quieren conocer. Incluso el peluquero del barrio, quien me ha ofrecido un buen té kurdo mientras me afeitaba y cortaba el pelo sin coste alguno para darme la bienvenida a la ciudad. Grandes cantidades de té, mucha, pero que mucha comida a todas horas y muchas reuniones familiares. Es una cultura realmente interesante donde la familia es lo más importante, al igual que las amistades. Los salones de las casas son amplios espacios con grandes alfombras donde todo el mundo hace la vida a ras de suelo. Comer, charlar y dormir. Tan solo se necesita un cojín, generalmente duro, y una pequeña manta para pasar la noche. Es agradable aunque los primeros días el cuerpo se resiente un poco por la dureza del suelo.

Ha sido y es increíble. Tras muchos meses de espera he podido realizar parte del proyecto que llevo tanto tiempo organizando. Al fin hemos pasado a la acción. Junto con Mohammad y su primo Saadi hemos visitado al señor Taha, director de una pequeña organización no gubernamental que se dedica a proveer alimentos, vestimenta, y material escolar a 145 familias de Kamyaran sin recursos económicos para ello. Viven en el umbral de la pobreza. El nombre de la organización es en kurdo y es una expresión cuya traducción es imposible, aunque vendría a ser algo parecido a, “por una vida mejor, por una eternidad mejor” según me cuenta Mohammad, mi traductor oficial. Se sustenta gracias a donaciones particulares, tanto económicas como materiales. Llevan varios años en la ciudad y su trabajo es remarcarle. Además, ofrecen locales a las familias dónde éstas pueden por ejemplo tejer prendas, hacer pan en su horno u otras muchas cosas para crear productos que luego puedan vender. Disponen de huchas en muchas partes de la ciudad y tienen contratos con muchos negocios en los que las familias necesitadas pueden acudir con unos vales generadaos previamente y que son intercambiados por comida por ejemplo. De esta manera, pueden seguir acudiendo al supermercado y escoger su comida en lugar de que les den las bolsas hechas desde la oficina.

Estoy convencido, y Mohammad tambien, és un buen lugar para aportar nuestra ayuda. Así pues lo primero es cambiar euros a riales en el banco. No conocen a cuanto está el cambio actual en el momento de nuestra visita, y no entiendo muy bien porque, aunque me preguntan cuantos riales quiero por los quinientos euros que llevo o a cambiar. Quedo bastante sorprendido por tal pregunta y le doy la tasa de cambio según lo que dice mi aplicación en el teléfono actualizada al instante.
Unos casi veinte millones de riales, que son una gran cantidad de billetes amontonados.
Salimos pues en dirección al supermercado cuando una llamada irrumpe en el teléfono de Taha, es del Banco, según parece se han equivocado y debemos volver. Nos cuenta el gerente del banco que después de haber verificado el cambio, todavía nos debe casi medio millón más de riales ya que en esta provincia los cambios​ de euros a riales están exentos de comisiones gubernamentales. ¡Genial!

Ahora sí, nos prestan una furgoneta que se va llenando poco a poco en su parte trasera de alimentos tales como arroz, aceite, pasta, tomates en lata, azúcar y sal, y varios productos básicos más que van haciendo que los amortiguadores del vehículo se encojan lentamente. Son más de 140 kilos de arroz, más de 40 litros de aceite, unos 20 kilos de azúcar, otros tantos de sal y muchos otros de pasta. Es mucha la comida que hemos logrado comprar, y aun así, sobra una buena parte de dinero con la que decido comprar vales para una zapatería. Según nos cuenta Taha, el calzado es algo que no pueden permitirse muchas familias, así pues generamos 20 vales para ello. los quinientos euros cunden de verdad. Es una gran aportación que sin duda ayudará a muchas familias durante un buen tiempo, aunque siempre se puede hacer más, ¿no es cierto?
Satisfechos por nuestra tarea, comemos en casa de Taha para discutir sobre muchas cuestiones distintas, aunque todo termina en la religión. Tengo la sensación de que Taha intenta convencerme de la existencia de su dios a la vez que yo argumento el hecho de que no crea en ninguno de los cientos de dioses que los humanos adoran en este mundo. Creo, que este peculiar hombre queda insatisfecho por no haber logrado un cambio en mi en este aspecto, aunque ambos coincidimos en algo más importante que las creencias, el respeto. Mientras exista respeto entre religiones y personas, no importa en que crean los individuos. Paz y respeto ante todo.

Me acuesto esta noche contento por lo logrado y ansioso por seguir con este proyecto, y es que en pocos días me dirijo hacia la ciudad de Erbil, en Irak, para llevar a cabo la segunda parte del proyecto. También habrá una tercera parte en Estambul. He decidido repartir los fondos en tres lugares distintos, con lo que dejar una huella en varios lugares este año. Me acuesto sintiéndome afortunado por haber conocido a esta gran familia en Kamyaran, son una inspiración para mí. Rebin, el padre de familia, ha estado a mi lado durante toda mi estancia y hemos logrado tener charlas muy interesantes con la traducción por parte de su hijo. He aprendido muchísimo estos días sobre la importancia de la familia, sobre la bondad, sobre la hospitalidad y ante todo, sobre educación. No les puedo estar más agradecido.

Dicho todo esto compañeros, os digo hasta muy pronto desde Kamyaran, en el Kurdistan Iraní. Supongo que la próxima vez que me conecte será desde Irak, en unos días.
Os dejo unas pocas fotos del proyecto esta vez, he sacado más videos que fotografías y no los puedo subir desde aquí, aunque haré un pequeño video al final del viaje ; )

P.S: Gracias a los que me habéis escrito correos, gracias de verdad porque me han encantado y motivado a seguir compartiendo mi viaje con todos vosotros. Os quiero compañeros!

Atentamente,
Francesc

[Modula id=”11″]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *