Compañeros, creo que hoy va a ser largo de contar todo lo que en el día de hoy he vivido, y es que muchas cosas quedarán grabadas en mi memoria y corazón por siempre. Ha sido un día duro emocionalmente y a la vez dulce, ambos sentimientos se han mezclado tras todo lo ocurrido. Pero antes de relatar lo vivido, dejádme contaros una historia que sucedió hace tan solo unos años en este país, Iraq.

Ocurrió en la localidad de Sinjar, al nordoeste del país durante la primera quincena del mes de agosto de 2014. Una ciudad habitada mayoritariamente por la comunidad Yazidí, quienes pertenecen a una religión preislámica de Oriente medio de remoto origen. Han sido perseguidos en varios momentos de la historia aunque en agosto de 2014, tuvo lugar una masacre en la ciudad de Sinjar. Miembros del estado islámico se apoderaron de la ciudad, saqueando todo a su paso y haciendo que miles de personas huyesen hacia las montañas para tratar de esconderse de sus persecutores. Decenas de miles de personas se refugiaron en las montañas donde la falta de agua hizo que alrededor de 50 niños muriesen durante los dos primeros días.
Al poco tiempo, se hablada ya de que 500 personas fueron ejecutadas y enterradas en fosas comunes mientras otras 300 mujeres fueron condenadas al esclavaje sexual. Una barbarie indescriptible que ocurrió en unas tierras que bien poco conocemos donde niños y adultos fueron asesinados y torurados. Mientras muchos perdieron la vida, miles lograron escapar, dejando atrás familiares, sus hogares, todo lo que poseían y toda una vida que se desvaneció en un instante.
Este es un pequeño resumen sobre lo que vivieron los Yazidíes hace ahora tres años. Podéis indagar sobre esta cuestión en internet​ si así lo deseáis.

Dicho esto, ahora toca hablar de como he aprendido ésta parte de la historia que era completamente desconocida para mi.
Mi contacto en Erbil, con quien supuestamente debía organizar el proyecto, no era, digamoslo de esta manera, la persona más indicada para ayudarme con mi próposito. Necesitaba algo más concreto y no largas esperas e incertidumbre, resumiendo, decidí seguir buscando alguien de la ciudad que pudiese guiarme por sus calles, que quisiese de verdad implicarse y invertir su tiempo por una buena causa. Tras dos días de búsqueda y muchos mensajes enviados, recibo una respuesta de una página de Facebook llamada «Random Acts of Kindness» que ha sido creada por un grupo de amigos y estudiantes de la misma universidad. Se dedican, cuando sus estudios se lo permiten, y tambien sus finanzas, a hacer pequeños proyectos humanitarios en los alrededores. Ya sea organizando talleres en un hospital con niños enfermos de cáncer o bien aportando juguetes a varios campos de refugiados que existen en la región como hicieron no hace mucho tiempo. Nos reunimos en la universidad, en la cafetería. Dyari, Shara y Ala son tres de los integrantes del grupo, aunque falta una tercera chica que no puede asistir al encuentro. Durante una buena hora charlamos sobre lo que ellos hacen, sobre lo que yo he venido a hacer aquí desde un país del que nunca antes habían oído hablar y sobre muchas cuestiones más. Aunque yo no necesito más de dos minutos junto a ellos para darme cuenta de que he dado con las personas ideales para el proyecto. Conocen orfanatos, campos de refujiados, clinicas y muchos otros sitios más donde se necesita ayuda, y desde hace un par de días vienen oyendo que hay entre unos grandes edificios de un barrio bastante rico, un descampado donde habitan familias sin hogar. Son las dos de la tarde, han acabado las classes por hoy y yo no tengo ningun compromiso, así pues, salimos de la universidad en busca de tal lugar.

Alrededor nuestro se alzan grandes edificios, un gran hotel y varias estructuras de inmuebles gigantescos por terminar. Golpeamos una gran puerta corredera metálica y enseguida nos abren desde el interior. Nos da la bienvenida un hombre de mediana edad, con ojos tristones y de sonrisa humilde. Este señor, según me van traduciendo mis nuevos amigos, vive aquí junto con 16 familias. 112 personas en total de las cuales 45 son niños. Todos ellos Yazidíes y refujiados del conflicto del año 2014. Son algunos de los que lograron escapar y viven ahora en este descampado gracias a que el proprietario les cede el terreno mientras acaban de construir los edificios de alrededor. Todo está hecho con materiales recuperados de los escombros, así lo descubrimos mientras caminamos bajo un intenso sol sobre tierra árida. Las casas están hechas con algunos ladrillos y muchas lonas de plástico en los tejados, corretean decenas de niños que se acercan timidamente de vez en cuando a saludar mientras sus madres se mantienen distantes y observantes. En todo el campamento, tan solo hay dos hombres, la mayoría de los maridos de estas mujeres fueron asesinados en su ciudad, Sinjar. Todos los aquí presentes perdieron familiares allí, así nos lo cuenta nuestro guía quien perdió a 15 miembros de su familía siendo el uno de los pocos que logró escapar a través de las montañas. Mientras me van traduciendo su historia, mientras este hombre me mira a los ojos y yo le miro a él, reprimo las lágrimas, y no soy el único en hacerlo. Tan solo pido que le traduzcan «Lo siento de todo corazón» No se que mas le puedo decir… ¿Que se le dice a un hombre que lo ha perdido todo?

Tras una hora conociendo a algunas familias, intercambiando palabras, gestos, timidas sonrisas y saludos con varios niños, nos viene a ver el gerente de una asociación quien provee ayuda al campamento. No les suelen faltar alimentos, afortunadamente la población kurda es generosa y siempre donan cantidad de productos, sin embargo, la escuela que han improvisado con barras metálicas y grandes lonas de plástico blancas necesita grandes arreglos. Los adultos coinciden, quieren que los 45 niños puedan tener una educación con lo que salir adelante. La educación de los niños es lo más importante en este momento, de ello depende su futuro. Así pues, en la lista de prioridades que nos muestran, hay, como primer objetivo, construir una puerta para la escuela con lo que evitar que se llene de tierra y polvo o que se desmonte con las rafagas de viento y también, la instalacion de un equipo de aire acondicionado ya que la temperatura en su interior alcanza más de 40 grados con el sol. Tras dos minutos en su interior, yo mismo debo salir por falta de aire y fuertes sudores y mareos, es peor que una sauna. El coste de ambas cosas entra en el presupuesto que tengo para este proyecto, y además de ello, tambien podríamos comprar otros productos importantes que no suelen traer aquellos quienes donan alimentos. Leche en polvo para infantes, que a mi sopresa es un producto casi lujoso para este país, y aceite, cuyo precio tambien es desorbitado. Está decidido, vamos a por todo ello. La puerta para la escuela tardará un día en llegar, aunque ya está pedida gracias a que Dyari conoce a la persona indicada. La gran máquina de aire acondicionado la compramos en el mercado y nos la traerán sobre el techo de un coche que nos seguirá por la ciudad tras haber comprado la leche en polvo para los todos los niños y decenas de litros de aceite para todas la familias.

A nuestra vuelta al campamento, y ya habiendo conocido a varias familias, las mujeres ya no son tan distantes, ya no somos extraños que vienen a curiosear o o escribir artículos para diarios locales, nosotros hemos venido a ayudar. Empiezan a salir de las casas decenas de niños y decenas de mujeres. Todos ellos nos rodean y sonrien. Nos agradecen la ayuda mientras los niños corretean por todas partes porque hoy han recibido visita. Sus sonrisas, no tienen precio, sus miradas, nos dicen muchas cosas que no precisan de palabras. En medio del ajetreo, noto unas pequeñas manos tocarme las piernas, y al darme la vuelta, una pequeña niña de apenas tres años viene a cogerme de las manos con una gran sonrisa. Nos miramos fijamente, se me quiebra el corazón enseguida… Se para el tiempo por un breve momento y me quedo sin palabras. Ese preciso instante, esos breves segundos, son de un valor incalculable, son todo por lo que decidí realizar estos pequeños proyectos que se llevan a cabo gracias a todos vosotros. Ojalá pudieseis estar todos aquí conmigo, porque estas experiencias que estoy viviendo os pertenecen a vosotros también y siento que tan solo las podáis vivir a través de mis palabras y de fotografías. Hoy me he quedado sin palabras, no se qué más decir. Quizás añadir que la reforma de esta pequeña escuela improvisada en un campo entre escombros es más importante de lo que podamos imaginar, ya que a partir de ahora, 45 niños podrán seguir aprendiendo para así tener más oportunidades en el futuro. Son varios los profesores voluntarios que vienen i van para enseñarles a estos niños todo cuánto necesiten. Cada uno a su manera les aporta su ayuda. Nosotros hemos hecho algo bueno, de eso no cabe duda.

Compañeros, quiero acabar por hoy dando las gracias las a todos los que habeis hecho esto posible. Gracias a todos vosotros.
Un abrazo desde Hawler, también conocida como Erbil.
La capital del Kurdistan.

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