Decir adiós, a viejos y nuevos amigos, a personas maravillosas que nos han acogido en su casa estos últimos diez días no es de mi agrado. No me gustan las despedidas ya que nunca sabe uno cuando volveremos a vernos… Uno se marcha con las ganas de volver algún día, con la memoria llena de nuevos recuerdos y experiencias que no serán olvidadas. Estambul, mi querida Estambul. Le tengo a esta ciudad un gran apego, un cariño que crece a cada vez que paso días en sus calles con sus gentes. Es por eso, por lo que quería hacer la última parte del proyecto aquí, porque debo darle algo a cambio a ésta ciudad por todo lo que me ha ofrecido estos tres últimos años. Porque hay aquí, personas que llegaron en su día desde tierras lejanas en busca de nuevas oportunidades y que por cuestiones de la vida no han tenido suerte si se puede decir de esta manera. También hay, personas que llevan varias generaciones aquí y cuyas vidas se han visto alteradas por varios factores. Es una gran ciudad con muchas vidas, facetas e historias distintas. Diferentes culturas y religiones conviven en sus calles. Hombres y mujeres, niños e ancianos, todos ellos forman la ciudad, la sociedad, el mundo. Nosotros conocimos a unos pocos de todos ellos estos días. Conocimos a varias mujeres integrantes del colectivo de «Mor çati» quien dedica sus recursos a ayudar a mujeres maltratadas de toda la ciudad en sus varios centros de la megapolis. Les dan alojamiento, alimentos, y medios para salir adelante tras vivir episodios trágicos en sus hogares. Su postura distante hacia hombres de otro país fue cambiando poco a poco cuantas mas conversaciones mantuvimos, quizás por precaución al principio, o quizás por miedo, aunque al final, al aportar nuestro granito de arena la tensión inicial desapareció. Entre Ozkan, Baran, mi hermano y yo, compramos los productos necesarios y mas urgentes para el centro de «Beyoglu» donde conviven alrededor de veinte mujeres y niños. Desde pañales y alimentos a productos higiénicos que llevamos a través de varias calles en carros de supermercado hasta el edificio del colectivo donde pudimos sacar alguna que otro sonrisa de las dos mujeres responsables. Tal como nos dijeron desde el primer encuentro, no era posible conocer a las mujeres a quienes íbamos a aportar la ayuda, por cuestiones de anonimato y seguridad, aunque para nosotros no fue un impedimento para colaborar con el colectivo. Sí bien siempre quiere uno conocer a las personas a las que ayuda, también debe ser respetuoso y comprender por lo que han pasado estas personas. Al fin y al cabo, lo mas importante es ayudar, y eso es lo que hemos hecho. En cuanto aprendí sobre la existencia de este colectivo, sentí en mi la obligación de ayudar, y es que estareís de acuerdo conmigo cuando digo que ninguna mujer merece ser maltratada en este mundo, siendo ellas quienes nos dan la vida. Siendo ellas quienes nos traen a este mundo y quienes nos hacen sentir vivos a lo largo de nuestros días. Ellas lo són TODO, nuestras madres y nuestra mujeres, las madres de nuestros hijos y por lo que uno lucha y aquel que no sepa respetarlas y amarlas, no es un hombre de verdad.

A los dos días de haber contribuido con «Mor Çati», y aun dispniendo de fondos para la tercera e ultima parte del proyecto, conocimos a Seda, una amiga de mis conocidos en Estambul quien es asistente social en la ciudad. Guía a familias en serias dificultades para salir adelante buscandoles trabajo, ayudas economicas, educación para los más pequeños y muchas cosas más, y tal y como nos contó, hay muchas familias en el umbral de la pobreza con serias dificultades para salir adelante. Así pues decidimos usar el resto del dinero para ayudar a cinco de estas familias. Llenamos varios carros con decenas de kilos de comida básica y algunos producto de higiene. Muchos kilos de arroz y pasta, azucar, sal, queso, cereales, leche, té, carne y muchos productos distintos más que separamos en grandes bolsas listas para ser repartidas. Nos adentramos en uno de los barrios más pobres de la ciudad, que curiosamente está a unos pocos cientos de metros del centro y su lujosidad. Las calles, sin asfaltar, el olor a desechos, la falta de luz, aquí mejor no venir solo por la noche piensa uno cuando se adentra en las calles. Aunque nosotros somos varios los que llevamos las decenas de kilos de comida mientras buscamos las casas de las cinco familias. Entregamos bolsas a la primera familia numerosa, luego nos dividimos en dos grupos. Mi hermano marcha con Ozkan, Seda e Ikrami a otro callejon mientras yo me quedo con Suleyman y Dilek para buscar dos otras familias que viven en la misma calle. Nos indican la dirección desde un balcón, entramos en un portal donde nos recibe una señora mayor y varios niños. No entiendo que es lo que dicen en turco aunque si entiendo los rostros. A la señora le tiembla la voz y las manos cuando nos da las gracias por la comida. Una frágil lágrima recorre su rostro mientras nos obsequia con una timida sonrisa. Es una familia numerosa la que vive en un pequeño piso y según me cuentan, el hombre de la casa no logra encontrar trabajo, y cuando lo hace no es duradero con lo que es imposible aportar estabilidad a la familia. Los niños, carecen de una educación correcta… Así como ésta familia vive, hay decenas más solo en este barrio. Hay turcos, kurdos, afganos e pakistaníes. Tan solo aqui hay centenares de personas que necesitan ayuda y no logro imaginar todo por lo que están pasando. Nosotros aportamos ayuda a cinco familias, una pizca de esperanza, una pizca de tranquilidad… ¿Pero, que hay del resto de familias? Vuelve el resto del grupo tras haber encontrado la otra familia y para terminar, todos juntos entregamos las ultimas bolsas a un joven timido en un oscuro portal. Son dos hermanos los que viven juntos, son kurdos, no tienen trabajo y uno de ellos tiene problemas de salud… Su situación delicada, su rostro humilde, su amabilidad y timidez… Todo ello nos recuerda lo afortunados que somos. Nos hace mirar nuestras vidas y sentirnos dichosos, aunque también, me hace reflexionar sobre muchas cuestiones. Sobre todas las otras familias, vidas, a las que no podemos ayudar, y es que de tener los medios para ello, podriamos cambiar muchas vidas.
Es una sensación extraña la que uno siente cuando hace este tipo de proyectos. Por una parte, uno siente que ha hecho algo bueno, que ha colaborado a hacer más llevaderas las vidas de varias personas, y a la vez, ese tierno sentimiento se ve eclipsado por un sentimiento de tristeza generado al no poder hacer más, por ver que quienes tienen los medios de cambiar el mundo en nuestra era ignoran desde sus tronos al resto de la población. Esta es la era del egoismo, que sigue siendo perfeccionado día tras días. Es la era de lo absurdo y de la ignorancia…
Aunque también es la era del «despertar», por que a cada vez somos más los que nos involucramos con el mundo, mirad sino lo que estamos logrando nosotros. Este es el tercer año que emprendo un viaje y a la vez le devuelvo al mundo parte de lo que me ha dado y a cada vez somos más. Cada año que pasa logramos todos juntos algo más y más grande! Este año, hemos logrado algo enorme, de eso no cabe duda, hemos dejado huellas en varias ciudades de varios países, hemos aportado esperanza y hemos tambien demostrado de nuevo que la union hace la fuerza.

Quiero terminar dedicando las ultimas palabras de hoy a todos y cada uno de vosotros que habéis colaborado en esta historia. Y es que es esta union la que ha marcado la diferencia. Si bien yo hubiese logrado hacer algo interesante con mis medios, con vuestra ayuda hemos logrado algo que será recordado en muchos lugares. Espero haberos hecho viajar con mis palabras a todos los lugares donde he estado, espero haberos hecho sentir lo que yo he sentido en este viaje, creedme, he intentado relatar de la mejor manera posible esta aventura para que la sintáis vosotros tambien, porque este no es tan solo mi viaje, es el vuestro tambien. Todas estas experiencias os pertenecen, son vuestras. Seré yo quien lo haya vivido en primera persona, pero estad seguros de que vosotros sois quienes lo habeís hecho posible, así pues, no tan solo yo os doy las gracias por vuestra ayuda sino también todas las personas que hemos ayudado lo hacen desde tierras lejanas.

Gracias a todos vosotros, los que habeís colaborado en esta historia. A los que habeís aportado ayuda económica, a los que me habeís apoyado moralmente, a los que habeis ayudado a organizarlo todo desde el invierno pasado con la fiesta benéfica y gracias también a todos los que me habéis guiado y acogido en vuestros países.

Mil veces gracias compañeros y hasta pronto, hasta muy pronto, porque, esta mente curiosa ya ha empezadoa imaginar una nueva aventura y proyecto. Creo ya saber a donde marcho la próxima vez, y aunque falte tiempo para ello, ¡estad atentos!, porque volveremos a marchar todos juntos.

Sinceramente,

Francesc

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