De Estambul a Sid

De Estambul a Sid hay un cambio drástico de cultura, de paisajes, de idioma y de costumbres. Sin duda voy a echar de menos mi amada Estambul aunque no tengo dudas de que volveré en poco tiempo ahora que la libertad de la que dispongo me permite moverme a mi antojo. En ese aspecto soy más bien dichoso, no me puedo quejar en absoluto. Estos dos países son dos mundos distintos, aunque similares a su vez en algunos aspectos. Y es que en ambas partes hay, y habrá, personas a las que echaré de menos en un futuro.

BIENVENIDO A SERBIA

Serbia me dio la bienvenida hace unos días. Dos agentes examinaron mi desgastado pasaporte meticulosamente durante la hora que estuve retenido en aduanas nada más bajar del avión. Aunque al final, y como siempre, me dejaron pasar. «I am sorry for making you wait» me dijo el agente cuando al fin me sellaron el pasaporte. «No hay problema, están haciendo su trabajo» le dije yo.
El pasaporte andorrano suscita curiosidad en muchas ocasiones, y en mi caso, al estar completamente desgastada la portada y tener una foto con pelo largo y coleta comparado con el pelo corto y algo canoso que llevo ahora hace que la mirada de los agentes sea más penetrante cuando realizan ciertas preguntas.

Estuve dos días en Belgrado nada más, de los cuatro que había previsto, pero es que las ganas de llegar a Sid eran grandes y todo lo que quería ver en la capital lo vi en poco tiempo. Así pues llegué a Sid el primero de agosto. Nada más ser recibido en la casa de los voluntarios obtuve una cuantiosa información para poner en práctica esa misma tarde. Y es que hay muchas cosas que saber, más de lo que imaginaba en un principio.

LA NO NAME KITCHEN

La cocina, NNK, Serbia, 2019

La «No Name Kitchen», la ONG con la que estoy colaborando aquí como os contaba que haría hace un tiempo es simplemente maravillosa. El trabajo que hacen aquí es ejemplar, lo puedo asegurar a pesar de llevar pocos días involucrado.
Los días son bastante intensos, muchas tareas deben llevarse a cabo para que este pequeño ecosistema del que dependen muchas personas funcione correctamente. Sería demasiado extenso contar todas las cosas que hacen detalladamente, aunque lo podría resumir con algunas palabras de la manera siguiente.

Hay dos puntos en la ciudad donde aportamos nuestra ayuda. Por un lado está la fábrica abandonada llamada «Squat» con la «Jungle» cerca, donde viven una mayoría de afganos y en otra parte de la ciudad está el descampado llamado «souk» donde acuden cada noche marroquíes, tunecinos, argelinos y otras distintas nacionalidades. La cantidad de personas que se atienden varía cada día, según las nuevas llegadas y los que vienen y van mientras prueban cruzar la frontera. Aunque gira entorno a 100-130 personas entre ambos lugares.

The squat, Sid, 2019

Les asistimos con muchas cosas distintas. Proveemos agua potable varias veces al día, agua para duchas en el «squat», comida caliente cada noche y té. Limpiamos su ropa cuando lo necesitan, les proveemos de ropa a aquellos que no la tienen, damos asistencia médica básica, les proveemos electricidad con un generador por las tardes, recargamos sus baterías externas durante la noche en la casa de los voluntarios e incluso una vez a la semana organizamos una noche de cine en el «squat» con un pequeño proyector portátil. Así, todos los días, nos movemos de un lado para otro sin cesar con nuestra furgoneta azul. Ésta es bien conocida en la ciudad. Tenemos un planing distinto cada día, nos turnamos para cada uno acabe haciendo todas las tareas al finalizar la semana. Somos ahora mismo trece voluntarios compartiendo habitaciones en la casa. Algunos se marchan en los próximos días pero otros llegarán para reemplazarlos. Afortunadamente siempre hay personas dispuestas a venir y pasar un tiempo aquí, sobre todo en verano. Para mi sorpresa, soy el varón mas viejo aquí, la media de edad está entorno a los 24 años… Jóvenes de muchas nacionalidades distintas forman este pequeño grupo. Un polaco, un holandés, tres alemanes, cuatro españoles, una italiana, un inglés, una belga y yo… Somos todos muy distintos pero muy similares a la vez, claro está, estamos todos aquí para lo mismo.

La furgoneta, Sid, 2019

¿LO PODÉIS SENTIR?

Uno crea aquí rápidamente vínculos con muchas personas. En mi caso por ejemplo, al hablar francés, he creado en pocos días una conexión interesante con los chicos del «Souk», que son mayoritariamente marroquíes. Si bien uno siempre acaba comunicándose con cualquiera, hablando el mismo idioma uno logra sentir mejor a la otra persona. Poder hablar de cualquier cosa mientras oscurece poco a poco en el descampado del «souk», mientras compartimos una puesta de sol todos juntos, mientras bebemos un té caliente con un plato de comida recién preparada… Que te traigan un paquete de tabaco porque la noche anterior le invitaste a un par de cigarrillos a alguien!

Atardecer en el Souk, Sid, Serbia. 2019

Esos pequeños momentos que nos humanizan, que nos hacen entender tantas cosas, no tienen precio. Que vengan a buscarte para saludarte, para preguntarte como estás, para darte las gracias y las buenas noches. Lo lográis ver? Sentir? Que te pongan un apodo (Frankeinstein me llaman algunos, otros muchos Frank, Francis, y también, como en marruecos, «khouya» que significa hermano). Todo eso hace que uno se sienta parte de esta familia cuyos miembros vienen y van según el día de la semana mientras prueban suerte en «The Game», (el juego), así lo llaman. «Esta noche hay juego» dicen cuando van a intentar cruzar la frontera…

Me gustaría poder decir que nuestro trabajo aquí acabará en algún momento, pero tristemente no va a ser así en un futuro cercano. Mucho tendría que cambiar en Europa para que al fin se arreglase todo esto. Esta crisis migratoria lleva varios años y quien sabe cuanto tiempo más le queda, si es que terminará algún día. Claro que si los afectados fuesen ciudadanos europeos podemos estar seguros de que se hablaría de ello en todos los informativos, durante cada día de cada semana. En esto nos hemos convertido compañeros. En personas completamente egoístas e ignorantes.

ES GRACIAS A TODOS

Por suerte, hay buenas personas en este mundo quienes aportan mucho a la sociedad. La No Name Kitchen funciona gracias a muchos voluntarios de muchos países, aunque también, y no menos importante, gracias a todas las personas que realizan donaciones. Ya sean materiales o económicas. Y es que cada pequeña contribución le permite a esta organización dar un paso más hacia delante. Le permite que cada día se pueda seguir ofreciendo todos los servicios que tan necesarios son.

Para todos aquellos que quieran ayudar, por poco que sea, podéis visitar la página web para realizar una donación.

www.nonemakitchen.org

Y como no, también podéis ayudar a difundir esta historia en las redes sociales, porque hay mucho que contar. En la misma página web encontraréis una sección dedicada a los «informes de violencia» donde mensualmente se recogen testimonios sobre las deportaciones y todos los actos ilegales que muchas autoridades llevan a cabo desde hace mucho tiempo. Atrocidades que deben salir a la luz cuanto antes. Y eso, debemos lograrlo entre todos. En mi estancia aquí, a parte de llevar a cabo mis tareas diarias como todos los demás, también voy a dedicarle tiempo a esta parte importante de nuestro trabajo. Me uno al equipo de «Reports» para plasmar en palabras las historias de todas estas personas atrapadas aquí y que tantas veces intentan llegar a la famosa Europa.

Compañeros, no quiero alargarme mucho. Aunque haya mucho más por contar prefiero dejarlo aquí de momento y volver a escribiros en unos días cuando ciertas cosas hayan tomado forma y otras se hayan resuelto de manera correcta. Como siempre os mantendré informados sobre todo ello.

Os mando un fuerte abrazo desde Sid,

FRANCESC ZAMORA

FRANCESC ZAMORA

EL OBSERVADOR OBSERVADO

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