«Que si que si, que te lo digo yo, que el mundo está jodido, quédate en el pueblo Manuel que aquí esto está hecho una mierda»

Le dice Francisco a su primo del pueblo. Que está con ganas de marcha el tío… Claro, en el pueblo, con los siete habitantes que son no da para montar mucha fiesta, no sea que se muera la abuela por el camino y ya la hemos liado…

Pero Manuel está entusiasmado con mudarse a la ciudad, que quiere oir ese bello sonido de miles de vehículos circulando, con alguna que otra sirena de fondo e incluso con suerte, el acogedor sonido de un boieng 737 acercándose a los edificios mientras se dispone a aterrizar. Patinetas eléctricas insonoras por las aceras a toda velocidad… «Esto es el futuro joder» piensa uno al verlo. De aquí poco ya tendremos patinetas voladoras como en regreso al futuro y teletransportación como en Star Trek. Eso sí, seguirá muriendo gente de hambre y los hijos de puta que gobiernan el mundo seguirán siendo más y más ricos. Eso es el futuro…

Manuel sueña con mudarse allí, con su perro Rodolfo, su mejor amigo por el que lo daría todo. Nacido para cazar y para sacar conejos de las madrigueras, aunque lo de recogerle las mierdas con bolsas de plástico todavía no lo tiene muy claro. Pero oye, la ciudad! Que allí puedes hacer de todo, que te vas al trabajo en transporte público y en hora y cuarto ya te has plantado en la oficina. Te llevan comida a domicilio unos chavales que van en bicicleta y que viven tan bien que son pluriempleados por amor al arte. Te tomas el metro para ir al gimnasio Espartaco que cae un poco lejos pero tienen buenas bicis estáticas con pantallas para simular que estás fuera, en la calle, o en el mismísimo Tourmalet. Y oye, que te metes en una red social de esas y ligas, y encuentras el amor de tu vida, aunque ya está con pareja pero no le importa follarse a otros porque joder, que solo se vive una vez y a la mierda con los sentimientos de las personas. Que primero estoy yo, yo y yo. Selfie aquí, selfie allá y dale al «like» que lo necesito como el yonki necesita su dosis para estimular un poco mi aletargado cerebro.

«Que no, que esto es una locura, que aquí los tomates son todos iguales y te los envasan individualmente! Que dentro de poco hasta respirar será de pago, bueno, de hecho, ya puedes comprar aire envasado en lata… Anda quédate en el pueblo Manuel»

Pero joder que ganas tiene Manuel de fundirse con el ambiente, o fundirse por el calor del alquitrán bajo sus pies mientras te clavan 3,50 por una caña en una terraza. Pero esos 3,50 por la caña (sin tapita) te parecen hasta correctos cuando le das el primer sorbo y notas las burbujas bajar por la garganta…

-Que le debo? Le dice Francisco al camarero.

-3,50 chaval.

-Quédese con el cambio…


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