A golpe de pedal

La primera vez, allá en el 2011, tardé seis días en recorrer los algo más de doscientos kilómetros que separan el Principado de Andorra y la costa Mediterránea, a golpe de pedal, creyendo que había encontrado en los mapas la mejor ruta posible. Qué equivocado estaba… No existe una ruta «mejor» que otra. Todas y cada una de las rutas que he tomado estos últimos años tienen algo que las hacen únicas. Desde entonces, desde la primavera del 2011, he recorrido a través de nuevos paisajes estas bellas tierras que tenemos la suerte de poder ver a diario muchos de nosotros. En cada una de las variantes he encontrado algo nuevo, algo por lo que volver, y también, cosas por las que no volver a repetir.

La semana pasada volví a montar sobre mi vehículo impulsado por el cuerpo humano y por los sueños que uno pueda tener para descender desde las alturas de los Pirineos hasta llegar a la costa Mediterránea. Con una bicicleta pesada en 42kg, el puerto de Envalira se hizo duro, aunque la larga bajada hasta la Cerdanya me ofreció cierto descanso para atacar esa misma tarde el puerto de la Molina. Más precisamente la subida por Masella en la que sudé la gota gorda. Aún así, llegué a sus alturas antes de ponerse el sol para caer rendido en mi pequeño campamento improvisado.

A golpe de pedal se llega a dónde uno quiere.

Todas esas horas montado sobre la bicicleta me aportan más de lo que siempre imagino cuando me decido a recorrer ya sean diez, veinte, o doscientos kilómetros. Esos momentos de soledad, de plenitud y de libertad son más importantes de lo que uno pueda creer. Y es que si celebro con este post un simple viaje de dos días sobre una bicicleta, es porque bien se lo merece. Porque a mi, las bicicletas, y por si nadie se había dado cuenta todavía, me encantan. Son sin duda mi forma preferida de recorrer distancias.

A golpe de pedal por los Pirineos

Ahora, desde la costa, planifico una pequeña escapada para dentro de dos semanas hacia nuevos horizontes. Siguen en mi las ganas de recorrer mundo sobre dos ruedas. Ya sea por unos pocos días o por unas semanas. Ahora, quiero aprovechar mientras las rodillas sigan funcionando y mientras en el mundo en el que vivimos no se vuelva todavía más loco, para salir a dar una vuelta y recorrer algunos cientos de kilómetros más. Aunque eso sí, lo haré mucho más ligero que ésta última vez en la que tras unas semanas trabajando en Andorra he viajado con prácticamente todas mis pertenencias. De ahí los 42kg de bicicleta… «A golpe de pedal la vida se ve de otra manera«


Para los que os estéis preguntando que es ese pedazo de madera que sobresale de la parte trasera de la bicicleta, es, un canjo electrónico hecho a mano con una vieja lata y unos pocos cables y tornillos recuperados. Si, cierto, no tengo idea de tocar tal instrumento, pero el hecho de haberlo fabricado con mis propias manos quizás me impulse a aprender al fin a tocar algún instrumento.


FRANCESC ZAMORA

FRANCESC ZAMORA

EL OBSERVADOR OBSERVADO

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